Quijada

Tener el cuarto desordenado, desmarañado y sordo parece fascinante. Tan fascinante, que entre las horas de contemplar los muros, puedo perseguir  sombras sobre ellos. Dejar de lado por un momento la respiración y perderme en el ruido, ocultarme en el.
Saber que aunque estando ciego no me topare con maldades, que el camino que me lleva tambaleando, en un paisaje que no veo, es el correcto.

Sentirme seguro con las manos bien puestas, pisando las nubes, y sin embargo, no ser parte de ellas en su desarraigo de dioses, ni erigir falsos testimonios, ni matar a los padres, ni amamantar a sus crios, solo servirme de ellas para poder avanzar estando a oscuras, mientras mis ojos se curan.

Perseguir sombras, sobre el muro y sorprenderme con la multiplicosa diversidad de los que en ese trajín me acompañan. Todas teorías de malostratos o momentos inertes que como meretrices suelen mostrar sus pechos desnudos a mi paso. Pero, yo no los veo, solo escucho a las nubes cotorrear mientras pasan, con desdeño. Me quedo callado pero una mueca me reclama humanidad en el rostro. Supongo que ellos no se dan cuenta , ni se percatan, solo se gastan en ellos mismos aunque son acompañados de circunstancias sobresdrújulas, solo monjas de clausura sin pasado. Las monjas no hablan, pero su canto son ronroneos de buenas noches, invocaciones de cuna, hambre puro de pezones vacíos, de momentos inertes.

Tener el cuarto desordenado, bifido y descabezado parece fascinante. Por ello cambio de espalda cuando no lo veo. Así, no me pesan mas las plumas y por el contrario, me aligera el peso de tener hombros. Porque tener hombros cuando se esta sentado es un malestar inexplicable. Que arquea el alma hacia delante, hacia si misma, y nos obliga a renegarnos, a ahogarnos en nuestros pliegues frente al muro. Y eso, a mi no me agrada. Por eso cambio de espalda cada vez que puedo para que mis hombros esféricos queden orbitando sin peso alguno que soportar. Así, de esa manera, poder repetirme sin cesar por mucho tiempo y perseguir sombras tranquilamente sin ningún apuro, ni molestia.


 Teorías, acerca de la evolución rozan mi quijada mientras danzan agarrandose de las manos.  Como todos estos se trasfiguraban en grumos, en molestias sobre mi rostro. Como es que pueden alejarme por unos segundos del bermellón que inunda mis ojos. Como es que aun puedo caer a reconocer entre ditirambos mis rostro en pascua.

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Mis hombros atardecen  sobre mis palabras y puedo ver de nuevo mis piernas, que tan hace mucho no me llegaban a la cadera. Será, por exhalar fantasmas que el tiempo se me pasa tan lento, tan incierto. Por inhalar Peter Pan, que no siento a mi mano regresar, luego de partir.

Tener la mente desordenada, campechana y bulimica  parece fascinante. Tan fascinante, frente a un muro?
Pederastia aparte.

Solo sonreir.

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